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¡Que bien mole! Mitos y leyendas sobre el origen del mole.

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¡Que bien mole!

Mitos y leyendas sobre el origen del mole.

Uno de los platillos que más representan a nuestro México es, sin duda alguna, ¡El Mole! Y es que uno como mexicano puede decir que más de una prenda ha terminado manchada de esta delicia al momento de comer. En enchiladas, chilaquiles, acompañando con un huevo o sólo con tortillas, como dicen en Puebla: es innegable que su característico sabor y consistencia nos hacen agua la boca con tan solo pensarlo.

Pero, ¿te has puesto a pensar cómo surgió esta rica combinación de sabores? Unos se lo atribuyen a la casualidad, otros al ingenio y algunos dicen por ahí que fue accidente.

Aquí las tres historias más contadas sobre su origen.

1.-En Puebla, México, está el convento de Santa Clara. En este convento, cuenta la leyenda, una de las monjas cocinaba un caldo espeso en el que había molido varios chiles y especias. En este convento las monjas tenían el voto de silencio, por lo que era normal que algunas palabras fueran olvidadas o confundidas; al acercarse la madre superiora al caldo, esta rompió el voto de silencio para decirle a la hermana “¡Qué bien mole!”, a lo que las demás le corrigieron “¡Se dice muele!”

2.- Con motivo de la visita del Virrey de la Nueva España, la monja Sor Andrea de la Asunción debía agasajarlo con un guiso de su invención, por lo que molió varios chiles, especias, chocolate, tortilla, jitomates y cebollas que resultaron en una masa homogénea de color obscuro. Esta segunda versión se encuentra en la página oficial de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (octubre de 2015).

3.- Ante una visita importante de Juan de Palafox, Virrey de la Nueva España y arzobispo de Puebla, el cocinero principal (fray Pascual) se encontraba en la difícil tarea de sorprender a los visitantes con su comida. Era tanto el nervio en la cocina que el fray reprendía a sus ayudantes por el desorden que reinaba en su cocina. Por este mismo desorden, el mismo fray comenzó a atiborrar ingredientes en una cacerola para luego guardarlos; era tanta la prisa que en un descuido tropezó y todos estos ingredientes fueron a parar a una enorme olla donde unos sabrosos guajolotes estaban casi listos. Con una oración tirada al cielo con toda su Fe, el fray sirvió la comida y ¡Oh, Sorpresa! Todo el mundo quedó encantado con el platillo. Incluso hoy, en pequeños pueblos, aquellas amas de casa apuradas en la cocina invocan al fraile diciendo “San Pascual Bailón, ¡atiza mi fogón!”

 

Sea cual sea su origen, casualidad o ingenio, el mole es exquisito. De Puebla, de Oaxaca, verde, rojo, negro, servido o en enchiladas, podemos asegurarte que al terminar dirás ¡QUE BUEN MOLE!

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